LA HISTORIA DE NUESTRA VICTORIA

La hoja más grande del mundo es boliviana

En días pasados, en los jardines de Kew Gardens, Inglaterra, ha sido presentada y reconocida a nivel mundial una nueva especie de planta acuática: la Victoria boliviana.

Nosotros en la Rinconada estamos felices y orgullosos de que la Victoria que hacen 22 años trajimos del Beni a nuestros jardines, fue la que captó la atención de los científicos que la han estudiado.

Esta nueva Victoria es distinta a las dos conocidas hasta ahora como únicas especies: La Victoria amazónica, que vive en los cursos lentos de los ríos amazónicos (Perú, Bolivia y Brasil) y que tiene bordes rojos y la Victoria cruziana, que crece en las llanuras inundadas del Pantanal y las Misiones (Bolivia, Brasil y Paraguay) y que tiene bordes verdes.

La nueva especie, tiene hojas de los dos colores, porque reproduce plantas tanto con bordes rojos, como con bordes verdes y es endémica de Bolivia. El que haya sido nombrada Victoria boliviana es, por lo tanto, un orgullo para nuestro país y una verdadera y trascendental victoria boliviana.

Mi primera experiencia con la Victoria fue hace unos 35 años, cuando estaba trabajando en un proyecto de paisajismo en Santa Ana del Yacuma, Beni: Fue en un pequeño curichi en las afueras de la ciudad donde vi esta extraordinaria planta acuática, con hojas de vibrantes colores rojo vino y verde y grandes flores de color rosado fucsia. En ese momento decidí que tenía que construir en Santa Cruz un lugar para albergarlas y verlas crecer.

A finales del año 1999 pude adquirir el terreno donde está actualmente La Rinconada, que por su ondulante topografía y porque tenía un cañadón principal donde brotaba un pequeño manantial y corría el agua de lluvia, era el lugar perfecto para construir mi laguna de Victorias.

Durante el año 2000 se construyó la laguna y los jardines circundantes. Y cuando se concluyó el trabajo y se empezó a llenar la laguna con agua de lluvia, envié a un trabajador mío, Raúl Ortuño, para traer las pequeñas plantas del Beni. Él las encontró en el recorrido del camino de Trinidad a San Ignacio de Moxos, a corta distancia del río Tijamuchí, donde estaba el espejo de aguas tranquilas a ambos lados del camino y donde recolectó 26 pequeñas plantas con raíz, que fueron envueltas en papel húmedo y plástico, como yo le había pedido.

Raúl trajo las 26 plantas y las plantamos en nuestra nueva laguna. De las 26 solo sobrevivió una, que después fue trasladada y creció en el centro de la misma. La planta necesita florecer dos flores en días seguidos para su polinización. La primera vez que esto sucedió, la polinicé manualmente, lo que
posteriormente produjo algunas semillas que se guardaron. Pero también floreció una segunda vez con dos flores en días consecutivos, lo que con la ayuda de unos insectos voladores nocturnos, también produjo semillas que se quedaron en el fondo de la laguna y que fueron el origen de esta increíble aventura de ver crecer cada año estas hermosas plantas, que inician su ciclo en el mes de octubre, donde nacen las primeras hojas de unos 4 centímetros de tamaño, y que después se van desarrollando con hojas consecutivas cada vez más grandes, hasta alcanzar entre diciembre y febrero, su mayor tamaño (3 mts de diámetro).

Posteriormente, a partir de marzo, las subsiguientes hojas que van saliendo son cada vez más pequeñas, hasta que, en mayo o junio, las plantas se desprenden del fondo de la laguna y mueren.

Después de años de ver y admirar este ciclo, apreciábamos que las hojas eran cada año más grandes. Un día, en el año 2006, un amigo y mentor mío en la observación, recolección y cuidado de las plantas en la naturaleza, el botánico Roberto Vásquez me dijo: Tonchi, tus Victorias están muy grandes, ¿por qué no las mides?. Así lo hicimos y comprobamos que tenían un tamaño poco usual.

Con la colaboración de Luzmila (Chiqui) Arroyo, directora del Museo de Historia Natural de Santa Cruz de la Sierra, quien también trabaja con el jardín botánico de Missouri, nos contactamos con los científicos Kit y Ben Knotts de la organización Victoria Adventure.org en Cocoa Beach, Florida, quienes certificaron que los 2.78 mts de diámetro que medía la hoja era un absoluto récord y lo registraron a nivel científico.

Nuestras Victorias mantuvieron su tamaño durante los siguientes años, hasta que, a principios de febrero del año 2012, un año muy caluroso y con mucha lluvia, las hojas crecieron extraordinariamente, para alcanzar una, el récord de 3.20 mts de diámetro, hoja a la que el equipo de escultores al mando del artista plástico Juan Bustillos, le hicieron un molde en yeso, con el que después se reprodujo la hoja en fibra de vidrio, con la forma, tamaño y color exactamente iguales a la hoja original. Escultura que hoy se expone en nuestro Museo de la Hoja.

Posteriormente y con la colaboración del Sr. Darío Melgar Gómez, exdirector del Jardín Botánico de Santa Cruz y del Sr. Gunther Beck, exdirector del Herbario Nacional de La Paz, el científico español Carlos Magdalena quien investiga y cuida las victorias de los jardines de Kew Gardens, Inglaterra, ha podido determinar que esta Victoria, originaria del Beni y que crece y se reproduce cada año en La Rinconada, es una nueva especie, que ahora se llama Victoria Boliviana.

En esta ocasión especial, quiero agradecer al científico Carlos Magdalena de Kew Gardens, quien, con su tesón y conocimientos, logró determinar que la Victoria que crece hacen 22 años en La Rinconada, es una nueva especie.

A mi trabajador Raúl Ortuño, que fue quien encontró y trajo las primeras Victorias del Beni.

A Roberto Vásquez, que fue mi mentor botánico, quien se dio cuenta del extraordinario tamaño de nuestras hojas.

A la bióloga Chiqui Arroyo, quien hizo conocer nuestra Victoria a nivel científico internacional.

A Darío Melgar Gómez, exdirector del jardín Botánico de Santa Cruz y a Stefan Beck, director del Herbario Nacional de La Paz que, como autoridades de entidades científicas bolivianas hicieron posible el reconocimiento de esta nueva especie.

Agradecer en forma especial a mi trabajador de hace 20 años, Sergio Arteaga, que, con un increíble amor y cuidado, recolecta y guarda las semillas cada año, las hace germinar y traslada las pequeñas plantas, recorriéndolas poco a poco desde las partes poco profundas de la laguna, a sus lugares definitivos, en la parte honda de la misma, donde las plantas alcanzan su máximo esplendor.

Agradecer al Municipio de Porongo, a la ciudad de Santa Cruz y a todos los amantes de la naturaleza que con su visita y aporte hacen posible que La Rinconada y sus Victorias se mantengan y sigan creciendo.

A todos mis trabajadores, y en especial a mis hijos, que con su dedicación, esfuerzo y cuidado por la naturaleza están logrando posicionar a La Rinconada a nivel mundial, logrando éxitos como el que celebramos hoy día; el reconocimiento de una monumental y trascendental Victoria Boliviana.

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Nuestro pequeño paraíso en Santa Cruz de la Sierra